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Quien soy?

Soy Claudia Sprenger.
 

Nací en Santiago de Chile el año 1996.
 

Crecí entre múltiples pasiones: la literatura, el arte, la música, el teatro y el cine. Pero a la que más me he aferrado, desde muy pequeña, es a la danza. He bailado mucho, he sido tremendamente feliz y profundamente conmovida (y movida) por este arte a lo largo de mi vida.
 

Me titulé como bailarina y coreógrafa en Santiago de Chile, en la Universidad de Humanismo Cristiano (antes vinculada al Centro de Danza Espiral). Mientras aprendía pedagogía en danza con diferentes maestras, y pedagogía básica para colegios, dentro del Colegio Internacional Nido de Águilas.

 

En mis años de carrera universitaria (2016-2021) descubrí la fuerza que crea el colectivo cuando baila. La dicha de mirarse a los ojos. La plenitud de lanzarse y confiar en que el cuerpo va a saber caer. 
 

He sentido y observado, siendo alumna y profesora, cómo vibra majestuosamente el cuerpo y el espacio cuando los seres humanos vivimos el presente.

Tuve tiempo para entender el amor y luego para encontrar espacios y crear mis propias obras.

 

En este recorrido visceral, se reveló en mí la poderosa curiosidad de que el cuerpo es mucho más de lo que imaginaba.

Durante años estudié diferentes corrientes espirituales que esclarecieron mi camino.

Esa búsqueda me llevó finalmente al lugar donde todo se unía: el cuerpo y la psicoterapia.

 

Migré a Barcelona para formarme como Danza Movimiento Terapeuta. Estos estudios me abrieron otros mundos. El más significativo, para mi, fue acompañar procesos terapéuticos de adolescentes migrantes y personas con discapacidades severas. Descubriendo la profundidad del lenguaje no verbal y la presencia como una forma de cuidado y amor.

 

Actualmente me formo como bailaora de flamenco y curso un postgrado en Pensamiento y Creatividad, en La Salle. 

Mis recorridos y múltiples formaciones siempre han sido guiados por mis pasiones, curiosidades y gustos.

 

Este proyecto de La Hondonada nace del deseo de crear y danzar en comunidad. Escuchar, observar y acompañar en un espacio íntimo y cuidado. Para que cada participante pueda, a lo largo de cada proceso, profundizar en su propia esencia, crear con libertad, conocerse más hondamente y encontrar, en el movimiento y en la poesía del cuerpo, sus formas de habitar y habitarse en este mundo. 

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